El autor de Moby Dick, Herman Melville, escribió una novelita corta llamada “Bartleby, El escribiente”, que protagonizaba un oficinista llamado Bartleby. Éste, a cualquier orden de su superior, le contestaba siempre de la misma manera: “preferiría no hacerlo”. Nuestro escritor Enrique Vila-Matas escribió, no hace demasiados años, un precioso libro llamado “Bartleby y compañía”, en el que, basándose en ese personaje, explicaba casos de escritores que renunciaban a la literatura, por muy diversas razones, y realizaba así un listado de lo que él llama Literatura (y escritores) del No. Pues bien, en la música no deja de haber casos curiosos en este sentido: músicos que han compuesto sus primeras obras y, repentinamente, han dejado de hacerlo, sin dar demasiadas explicaciones. O que después de toda una vida de trabajar en la música, misteriosamente se retiran y no publican nada más, y se dedican a otra cosa. Intentaré cada viernes encontrar alguna historia que protagonice algún músico que nos mire con ojos extraños y cuando le pidamos que se cante un tema, nos mire perdido y nos responda: “preferiría no hacerlo”.
Aún no me he puesto a ello demasiado tiempo, pero buceando en el universo googleliano me he encontrado con un compositor que firmó un solo disco y desapareció (más propiamente murió). Jeff Buckley, cantautor estadounidense, publicó su álbum de debut en 1994, lo llamó “Grace”. En su momento fue reivindicado y considerado como un gran disco, por público, críticos y músicos. De hecho, estuvo más de dos años girando con esas canciones y otras que tenía compuestas, más versiones de diferentes artistas, incluso de su propio padre, que fue un talentoso músico de jazz y folk. Uno de los grandes talentos de Jeff Buckley fue su voz, que abarcaba hasta 3 octavas (y eso es un gran talento para un cantante de música popular!!).
Conciertos, crítica, aclamación y reconocimiento, fama, segundo disco a la vista, 30 años, ... ¿qué pasó por la cabeza de este músico? Pudo ser un accidente, aunque su muerte nunca dejará de tener la sombra del “murió en extrañas circunstancias”. El 29 de mayo de 1997 fue con un amigo al río Wolf (en Tennesse). Allí escuchaban a Led Zeppelín, cuando Buckley se incorporó y se metió vestido en el agua, mientras su amigo quedaba en la orilla. El amigo le perdió la pista, se distrajo con otras cosas, y cuando quiso volver a verle no veía más que agua. A los cinco días su cuerpo fue encontrado, y la causa de la muerte fue clara: se había ahogado en el río. Todos los versos del “Grace” se empezaron entonces a releer de otra manera.
Cuando yo trabajaba en la FNAC de Madrid, un amigo me prestó el disco “Grace”, y lo escuché por encima. Como todavía no se lo he devuelto, creo que le voy a prestar un poco más de atención. Muchos discos se merecen dos oportunidades.
Si alguien conoce casos musicales cercanos al “síndrome Bartleby” que me escriba y me lo cuente, y así vamos engrosando nuestra particular lista de los músicos del No. Feliz finde!
Alejandro Martínez